Ámsterdam veta la publicidad de carne porque no puedes tomarte en serio el clima mientras alimentas la crisis

La capital neerlandesa se convierte en la primera gran urbe europea en prohibir los anuncios de productos cárnicos y combustibles fósiles en marquesinas, vallas y espacios públicos a partir del 1 de mayo de 2026. ¿Qué mensaje envía al mundo una ciudad que rechaza rentabilizar su espacio público con industrias que aceleran la emergencia climática?


Imagina caminar por las calles de Ámsterdam en una fría mañana de mayo. En las marquesinas donde antes brillaban jugosas hamburguesas de cadenas de comida rápida, ahora solo quedan anuncios de productos sustentables, servicios culturales o espacios en blanco. Los rostros sonrientes prometiendo la felicidad a través de un cuarto de libra con queso han desaparecido. Esta escena, que hasta hace poco parecía impensable, será realidad a partir del próximo 1 de mayo de 2026 en la capital de los Países Bajos.

El pasado jueves 23 de enero, el ayuntamiento de Ámsterdam aprobó con 27 votos a favor —de un total de 45 escaños— una medida histórica: la prohibición de la publicidad de carne y productos vinculados a combustibles fósiles en todos los espacios públicos, incluidas vallas publicitarias, marquesinas de autobús, estaciones de metro y cualquier soporte exterior gestionado por el municipio. La decisión, impulsada conjuntamente por el partido verde GroenLinks y el Partido por los Animales (Partij voor de Dieren), sitúa a Ámsterdam como la primera capital europea en adoptar una prohibición integral de este tipo.

"En Ámsterdam ya no hay cabida para la publicidad de las grandes empresas que alimentan la crisis climática", declaró Jenneke van Pijpen, concejala e impulsora de GroenLinks Amsterdam, según recoge Málaga Día. Por su parte, Anke Bakker, líder del Partido por los Animales de Ámsterdam, añadió: "La industria cárnica no solo es un gran contaminante, sino también fundamentalmente poco ética".

La prohibición afecta exclusivamente a la publicidad en soportes públicos. Las carnicerías, restaurantes y comercios podrán seguir anunciando sus productos en sus propios escaparates y locales. Pero el mensaje es claro: el municipio no prestará su espacio público a industrias que, según los promotores de la medida, aceleran la emergencia climática y causan sufrimiento innecesario a millones de animales.

"Esta decisión no surge de la nada. Llevamos años viendo cómo las ciudades europeas hacen pequeños gestos hacia la sostenibilidad, pero pocos se atreven a cuestionar directamente las industrias que más daño causan", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. "Ámsterdam está enviando un mensaje contundente: si te tomas en serio la crisis climática, no puedes permitir que tu ciudad sea una plataforma publicitaria para quienes la alimentan".

La urgencia climática ya no puede esperar acuerdos voluntarios

La prohibición aprobada por Ámsterdam no es su primer intento por regular la publicidad contaminante. En 2020, el ayuntamiento ya había intentado eliminar los anuncios de combustibles fósiles mediante acuerdos voluntarios con operadores publicitarios como JCDecaux. Cinco años después, la publicidad de vuelos baratos, gasolina y coches diésel seguía apareciendo por todas partes. Los contratos, que suelen durar una década, permitían que las empresas continuaran lucrándose con anuncios climáticamente destructivos.

"Llevamos años trabajando en esto y, aun así, esos anuncios siguen ahí", denunciaron representantes de GroenLinks y el Partido por los Animales ante el pleno municipal, según reportó el medio holandés Het Parool. La solución: modificar la Ordenanza Municipal General (APV por sus siglas en neerlandés) para dotar a la prohibición de carácter vinculante y obligatorio.

Esta estrategia legal ya había sido probada exitosamente. La Haya prohibió la publicidad de combustibles fósiles por esta vía, una decisión que fue respaldada por los tribunales. El año pasado, un tribunal neerlandés dictaminó que los municipios tienen pleno derecho a prohibir anuncios perjudiciales para la salud y el clima, sentando un precedente crucial para otras ciudades del país.

Los datos que justifican esta urgencia son demoledores. Según Greenpeace, la ganadería es responsable de la emisión del 14,5% de los gases de efecto invernadero a nivel mundial, tanto como todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que los productos de origen animal son responsables de casi el 60% de las emisiones relacionadas con la alimentación, incluyendo metano, óxido nitroso y dióxido de carbono.

El impacto no se limita a las emisiones. Las cadenas de producción ganadera emiten un total de 8,1 gigatoneladas equivalentes de CO2, siendo el 66% de todas las emisiones ganaderas atribuidas a la carne, y dentro de ellas, la producción bovina es la más impactante. La fermentación entérica —esos "eructos" de las vacas que tanto se mencionan— produce metano, un gas con un impacto 25 veces mayor que el dióxido de carbono. La gestión del estiércol, la producción de los piensos y el consumo de energía completan un ciclo devastador.

Pero el costo ambiental va mucho más allá de los gases. La producción ganadera es una de las grandes usuarias de agua en el mundo. Según investigaciones recogidas por Sentient Media, se necesitan entre 5.000 y 20.000 litros de agua para producir un solo kilogramo de carne. Para producir un kilogramo de carne de vacuno se requieren 15.415 litros de agua y 25 kilogramos de cereales. Un tercio de toda el agua utilizada por el sector ganadero se destina exclusivamente a la producción de carne vacuna.

La tierra tampoco escapa a esta ecuación destructiva. Según la FAO, con cerca del 75%-80% de la superficie agrícola mundial destinada a la ganadería —tanto en forma de pastos como para producir piensos—, no podemos salvar los bosques ni frenar la pérdida de biodiversidad a menos que frenemos la expansión de la ganadería industrial. En la selva amazónica, el 80% de la deforestación se debe al desmonte de tierras para ganadería, liberando a la atmósfera 340 millones de toneladas de carbono cada año.

"Los números son contundentes y la ciencia es clara: no podemos frenar el calentamiento global si no transformamos radicalmente cómo producimos y consumimos carne", sostiene Gascón. "Pero la crisis va más allá del clima. Estamos hablando de miles de millones de animales sintientes confinados, mutilados y matados cada año en sistemas que los tratan como objetos de producción, no como los seres capaces de sufrir que son".

Un estudio publicado en Science en 2018 y citado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) revela que la carne y los lácteos proporcionan solo el 18% de las calorías consumidas, pero utilizan el 83% de las tierras de cultivo mundiales y son responsables del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura. Es una ecuación insostenible: máximo impacto ambiental, mínimo retorno nutricional.

Y las proyecciones futuras son aún más preocupantes. Se espera que el consumo mundial de carne crezca un 50% para 2050. Si no cambiamos radicalmente nuestros sistemas de producción y consumo, las consecuencias serán catastróficas. Algunos expertos estiman que un cambio global hacia una dieta basada en plantas podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la producción de alimentos en un 70%. En la Oxford Martin School, investigadores han calculado mediante modelos de simulación que si todo el planeta llevase una dieta vegetariana se reduciría en un 63% las emisiones relacionadas con la producción de alimentos, y un 70% si se siguiese una dieta vegana.

Cuando la política se atreve a desafiar lo establecido

Ámsterdam no está sola en este camino. Es, de hecho, la novena ciudad neerlandesa en incorporar la prohibición de la publicidad de combustibles fósiles en su sistema legal. Haarlem fue pionera mundial en 2022 al convertirse en la primera ciudad del planeta en prohibir la publicidad de carne procedente de ganadería industrial, una medida que entró en vigor en 2024. Le siguieron Nimega en mayo de 2023, y durante 2024 se sumaron La Haya, Utrecht y Delft.

El camino de Haarlem es particularmente instructivo. La ciudad de 160.000 habitantes, situada al oeste de Ámsterdam, acordó la prohibición de esta publicidad en soportes públicos como autobuses, marquesinas y pantallas a partir de 2024. La iniciativa fue aprobada por el consejo municipal en noviembre de 2021, pero pasó desapercibida hasta que las agencias de publicidad recibieron la notificación oficial en septiembre de 2022. La noticia se convirtió inmediatamente en un fenómeno mediático mundial.

La moción redactada por GroenLinks enfrentó al partido verde con el sector cárnico neerlandés. Un portavoz de la Organización Central del Sector Cárnico (COV) argumentó que la prohibición era una cuestión de libertad de expresión. El concejal conservador Joey Rademaker del partido BVNL en Haarlem llegó a calificarla de "casi dictatorial". Algunos juristas, como el profesor de derecho administrativo Herman Bröring de la Universidad de Groningen, advirtieron que la prohibición podría infringir la libertad de expresión y dar lugar a demandas por parte de la industria.

Pero los promotores de la medida tenían argumentos sólidos. "No podemos decirle a la gente que hay una crisis climática y animarles a comprar productos que son parte de la causa", declaró Ziggy Klazes a Trouw. La concejala explicó que ganar dinero alquilando el espacio público a productos que aceleran el calentamiento global contraviene el espíritu de la política municipal. La medida afectaría "a toda la carne barata procedente de la ganadería intensiva", lo que incluiría la comida rápida.

Lo que inicialmente causó alarma en Haarlem —tiendas que creían que ya no podían anunciar salchichas, carniceros que pensaban que debían quitar carteles de sus fachadas— se aclaró rápidamente: la prohibición solo afectaba a la publicidad en las decenas de marquesinas donde el municipio alquila espacio, no a los empresarios de la ciudad.

La noticia llegó en un momento particularmente sensible en los Países Bajos. Los granjeros habían protestado durante meses por los planes del gobierno para recortar las emisiones de nitrógeno a fin de cumplir con los objetivos europeos. La tensión en el sector agrícola era palpable, y la prohibición de publicidad de carne se percibió por algunos como un ataque más a la agricultura tradicional neerlandesa.

Sin embargo, el movimiento no se detuvo. A Haarlem le siguió Nimega, que introdujo una medida similar en mayo de 2023. La Haya, Utrecht y Delft aprobaron normas locales comparables en 2024. Y otras ciudades, como Enschede, Amersfoort y Leiden, han expresado su intención de tomar decisiones similares. El efecto dominó que esperaba Ziggy Klazes —que el movimiento inspirara a otros municipios del país— se ha hecho realidad.

Fuera de los Países Bajos, más de 50 ciudades de todo el mundo, desde Estocolmo hasta Sídney, se han comprometido a frenar la publicidad de combustibles fósiles. La campaña global se inspira en la lucha contra la industria tabacalera y las políticas para desincentivar su consumo. La publicidad del tabaco está prohibida en muchos países del mundo en virtud del Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los profesionales de la salud también han expresado su apoyo a la prohibición de la publicidad de combustibles fósiles, reconociendo sus impactos en la salud pública.

"La comparación con el tabaco es pertinente", añade Gascón. "Hace décadas, fumar se publicitaba como glamuroso, saludable incluso. Hoy sabemos que mata. Con la industria cárnica estamos en un punto similar: sabemos que acelera la crisis climática, degrada ecosistemas y causa sufrimiento masivo a los animales, pero seguimos normalizando su consumo excesivo a través de la publicidad omnipresente".

Sin embargo, la medida de Ámsterdam no ha estado exenta de controversia y obstáculos. La oposición más dura vino desde D66, formación liberal que gobierna en coalición en la ciudad. La concejala Daniëlle de Jager alertó de problemas prácticos: pizzas con y sin carne, imágenes de coches con emisiones poco claras, furgonetas rotuladas con productos mixtos. También criticó que no se haya previsto presupuesto alguno para aplicar la norma: "Cero euros. O se crean normas y se cumplen, o no se crean. Las normas que no se aplican socavan la autoridad", advirtió.

La concejala responsable de tráfico y espacio público, Melanie van der Horst (D66), insistió en que la publicidad de carne supone apenas el 0,1% de la publicidad exterior, frente al 4,3% de la vinculada a combustibles fósiles. A su juicio, el riesgo de litigios es elevado, sobre todo por contratos vigentes con operadores. De hecho, van der Horst ya ha indicado que aplicar la prohibición en mayo sería prematuro, pidiendo un "periodo de transición razonable" y advirtiendo que los anunciantes podrían emprender acciones legales.

Durante la sesión de votación, se vivió uno de los momentos más comentados del debate. El líder del partido de derechas JA21, Kevin Kreuger, aseguró haber debatido la propuesta "a fondo", incluso con miembros vegetarianos de su formación, y dejó caer que la iniciativa "merecía la pena intentarlo". Los aplausos de la izquierda no se hicieron esperar... hasta que remató con un "¡es broma!", según publicó Het Parool. Kreuger calificó la propuesta como "el fracaso de la política climática de Ámsterdam" y acusó al consistorio de centrarse en "prohibir fotos de albóndigas" mientras los problemas estructurales siguen sin resolverse.

Transformar el espacio público para transformar la cultura

Las ciudades que han prohibido la publicidad de carne argumentan que no se trata de censura, sino de coherencia ética y climática. "Ganar dinero alquilando el espacio público a productos que aceleran el calentamiento global contraviene el espíritu de la política municipal", declaró Ziggy Klazes, concejala de GroenLinks en Haarlem y promotora de la primera prohibición mundial en 2022.

La provincia de Holanda del Norte fue aún más allá en 2024, convirtiéndose en la primera provincia neerlandesa en prohibir de forma inmediata la publicidad de productos fósiles, carne y pescado en sus aproximadamente 500 marquesinas de autobús. "Como provincia, estamos trabajando arduamente para resolver la crisis climática, pero nuestras marquesinas brindan una plataforma a las empresas que actúan contra esto", señaló la concejal provincial Anouk Gielen de GroenLinks al diario Volkskrant.

Para los defensores de los animales, estas prohibiciones representan mucho más que política climática. Representan un cambio de paradigma en cómo las sociedades perciben a los animales explotados para consumo humano. "Cuando hablamos de reducir el consumo de carne por razones climáticas, es fundamental que no perdamos de vista a los individuos que sufren directamente: los animales", enfatiza Gascón.

"Cada año, decenas de miles de millones de animales —cerdos, vacas, pollos, peces— pasan sus vidas enteras en sistemas de confinamiento donde nunca conocerán el sol, la tierra bajo sus patas, o la compañía de su familia. Son seres sintientes, capaces de sentir dolor, miedo, frustración. Reducir su existencia a 'unidades de producción' en anuncios que glorifican su consumo es una violencia simbólica que normaliza su explotación real".

Las cifras del sufrimiento son abrumadoras. Según Sentient Media, cada año se crían y matan más de 88.000 millones de animales terrestres para la producción de alimentos. Esto sin contar los billones de peces y otros animales acuáticos que también son explotados. La inmensa mayoría de estos animales provienen de sistemas de ganadería industrial, donde viven en condiciones de hacinamiento extremo, sin acceso a comportamientos naturales, sin veterinaria preventiva adecuada, y enfrentando procedimientos dolorosos sin anestesia como el corte de colas, el descorne, la castración o el despique.

Las vacas criadas para carne pasan sus vidas en espacios reducidos, a menudo sin acceso a pastos. Las vacas lecheras son inseminadas artificialmente de forma repetida, separadas de sus crías a las pocas horas de nacer —causando angustia tanto a la madre como al ternero—, y ordeñadas intensivamente hasta que su producción disminuye y son enviadas al matadero, años antes de su esperanza de vida natural. Los cerdos, animales de extraordinaria inteligencia y sensibilidad, son confinados en jaulas donde ni siquiera pueden darse la vuelta. Las gallinas ponedoras, incluso en sistemas "mejorados", viven hacinadas en naves sin luz natural, y los pollos de engorde han sido genéticamente seleccionados para crecer tan rápido que sus propios cuerpos colapsan bajo su peso.

"La publicidad de la industria cárnica nos muestra animales felices en verdes praderas. Es una mentira", añade Gascón. "La realidad es confinamiento, mutilaciones, separación de familias, vidas cortas llenas de sufrimiento. Prohibir esta publicidad engañosa es un pequeño paso, pero es un paso en la dirección correcta: hacia la honestidad sobre lo que realmente implica la producción industrial de carne".

El movimiento de defensa de los derechos de los animales en los Países Bajos ha sido históricamente fuerte. El Partido por los Animales (Partij voor de Dieren), fundado en 2002, fue el primer partido político del mundo centrado exclusivamente en los derechos de los animales en obtener representación parlamentaria. Desde su llegada a la Cámara de Representantes en 2006, el partido ha abogado incansablemente por medidas contra los incendios en granjas, por la protección legal de los animales contra mutilaciones innecesarias, por la limitación de la cría intensiva, y por la reducción del consumo de productos de origen animal.

Sus logros han sido significativos. Gracias a propuestas del Partido por los Animales, los animales en granjas neerlandesas están mejor protegidos legalmente que nunca, con cambios legislativos que aseguran que el comportamiento natural de los animales sea esencial, que ya no sean adaptados al sistema mediante mutilaciones, y que estén protegidos contra incendios en establos. El Reino Unido también ha anunciado decisiones innovadoras en materia de bienestar animal, incluida la prohibición de las exportaciones de animales vivos y el reconocimiento legal de los animales como "seres sensibles".

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que el ganado genera más del 14% de todos los gases de efecto invernadero producidos por el ser humano, incluido el metano. Pero más allá de las emisiones, la ganadería industrial implica la deforestación masiva —el 80% de la deforestación en la Amazonia se debe al desmonte de tierras para ganadería—, el agotamiento de recursos hídricos, la contaminación de suelos y acuíferos, y la pérdida acelerada de biodiversidad.

Según Sentient Media, cada año se crían y matan más de 88.000 millones de animales terrestres para la producción de alimentos, y la industria ganadera es responsable de al menos el 16,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, a pesar de que solo proporciona el 18% de las calorías de la producción mundial de alimentos.

Actúa hoy por los animales y el planeta

La decisión de Ámsterdam plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿podemos seguir permitiendo que nuestros espacios públicos, nuestras ciudades, sirvan como plataformas publicitarias para industrias que sabemos destructivas tanto para el clima como para miles de millones de animales?

La respuesta que están dando cada vez más ciudades es un rotundo no. Y tú también puedes ser parte de este cambio.

Cambia tu plato, cambia el mundo: Reducir o eliminar el consumo de productos de origen animal es una de las acciones individuales más poderosas que puedes tomar por el clima y por los animales. Cada comida basada en plantas es un voto por un sistema alimentario más justo, sostenible y compasivo. Explora recetas vegetales, descubre nuevos sabores, y comprueba que alimentarse sin causar sufrimiento animal no solo es posible, sino delicioso y nutritivo.

Las opciones nunca han sido tan abundantes. Desde hamburguesas vegetales que sangran como las de origen animal hasta leches de avena, almendra, soja o coco que rivalizan en cremosidad con las lácteas, pasando por quesos fermentados de origen vegetal y carnes de legumbres o seitán, la gastronomía basada en plantas está experimentando una revolución. Los alimentos de origen vegetal tienen una huella de carbono de 10 a 50 veces menor que la de los productos de origen animal en promedio. Elegir una dieta vegetariana también reduce el consumo de agua entre un tercio y la mitad en comparación con una dieta que contiene carne.

No se trata necesariamente de volverse vegano de la noche a la mañana. Incluso reducir el consumo de carne a unas pocas veces por semana en lugar de diariamente tiene un impacto significativo. Los "lunes sin carne", las "cenas vegetarianas" o simplemente explorar nuevas recetas sin productos animales son formas accesibles de comenzar. Y contrario a mitos persistentes, una dieta basada en plantas bien planificada no solo es nutricionalmente adecuada, sino que puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer y obesidad, según la Organización Mundial de la Salud.

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