Veronika abre el debate acerca de la inteligencia de las vacas y su explotación en la ganadería o tauromaquia

Una vaca austriaca demuestra capacidades cognitivas hasta ahora reservadas a primates al usar herramientas de forma flexible y anticipada. El hallazgo publicado en Current Biology sacude los cimientos del debate sobre tauromaquia en España y expone el sesgo con el que observamos a los animales que explotamos.


La escoba descansa contra la pared de madera en un pueblo idílico de los Alpes austríacos, en Carintia. Veronika, una vaca de 13 años, la observa mientras los tábanos zumban incesantes alrededor de su lomo. Con precisión casi quirúrgica, levanta la herramienta con la boca, ajusta el agarre entre sus dientes, reposiciona el ángulo y comienza a frotarse la piel gruesa del lomo con las cerdas rígidas del cepillo. Minutos después, con la misma deliberación, gira la escoba para usar el extremo liso del mango en las zonas delicadas de su ubre. Lo que parece un gesto cotidiano es, en realidad, un hito científico que acaba de documentarse en la revista Current Biology: el segundo caso conocido de uso multiuso de herramientas en el reino animal, después de los chimpancés de la cuenca del Congo.

El descubrimiento no se produjo en la selva tropical ni en un laboratorio de primatología, sino en el patio trasero de Witgar Wiegele, un panadero tradicional que crió a Veronika como mascota. "Comprobamos que Veronika apuntaba a zonas del cuerpo alejadas de su alcance y prefería utilizar el extremo funcional de la escoba", explica Antonio José Osuna Mascaró, investigador de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena y coautor del estudio junto a Alice Auersperg. Lo que inicialmente parecía un simple comportamiento de rascado se reveló como algo mucho más complejo: una demostración de cognición avanzada, planificación y adaptabilidad que desafía décadas de suposiciones sobre la inteligencia del ganado.

El hallazgo adquiere una dimensión aún más trascendente en España, donde el debate sobre la tauromaquia permanece enquistado entre tradición y ética. El pasado viernes, en una reunión de expertos en cognición animal celebrada en el Congreso de los Diputados para desarrollar la próxima ley de protección de grandes simios, el especialista mundial Josep Call, de la Universidad de Saint Andrews, presentó el caso de Veronika ante una limitada audiencia. Su argumento fue demoledor: si el uso de instrumentos justifica el reconocimiento legal de los grandes simios, "yo podría decir que tenemos que añadir a las vacas. ¿Y ustedes saben cuál es el macho de la vaca? El toro. ¿Y dónde estamos? ¡Cuidado!"

"El descubrimiento de Veronika nos confronta con una verdad incómoda que durante décadas hemos preferido ignorar", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. "Hemos construido toda una industria de explotación animal sobre la premisa de que estos seres son simples autómatas biológicos, cuando la ciencia demuestra cada vez con mayor contundencia que poseen capacidades cognitivas sofisticadas, anticipación, planificación y una vida mental compleja que merece respeto y protección legal".

Durante siete sesiones experimentales con 10 ensayos cada una, Veronika utilizó la escoba en 76 ocasiones para rascarse diferentes partes de su cuerpo. Los investigadores observaron un patrón consistente y deliberado: empleaba las cerdas duras para la piel gruesa del lomo y la parte superior del cuerpo, mientras reservaba el mango liso para zonas delicadas como la ubre y los pliegues umbilicales. "Al principio pensé que se trataba de un error", reconoce Osuna Mascaró. "Pero, al cabo de un tiempo, empezamos a observar un patrón: Veronika también lo usaba de forma significativa y funcional".

Lo verdaderamente excepcional no es solo que Veronika use herramientas, sino cómo las usa. Con su boca y lengua, levanta la escoba, la ajusta cuidadosamente y la sujeta con firmeza entre los dientes para lograr un control preciso del extremo que va a emplear. Cuando necesita alcanzar partes del cuerpo alejadas de su cabeza, reajusta el agarre: agarra la herramienta, la suelta, la reposiciona y la agarra de nuevo para maximizar la distancia. "Creemos que esto demuestra su capacidad para superar sus limitaciones físicas y nos da una idea de sus capacidades de anticipación y planificación", subraya Osuna Mascaró.

Este comportamiento, calificado como "fascinante" por Christian Nawroth, investigador del Instituto de Investigación en Biología de Animales de Granja de Dummerstorf (Alemania), implica ajustes anticipatorios del agarre, cambios de técnica y una coordinación entre cuerpo y herramienta que hasta ahora se asociaban exclusivamente con primates y algunas aves altamente inteligentes como los cuervos. El uso egocéntrico de la herramienta —dirigida hacia su propio cuerpo— contrasta con el uso alocéntrico de los chimpancés, que emplean instrumentos para interactuar con objetos externos. "El uso egocéntrico es más sencillo", matiza Osuna Mascaró. "Los niños, por ejemplo, aprenden antes a peinarse que a usar objetos para interaccionar con el entorno".

El sesgo que nos impide ver lo evidente

El caso de Veronika no es único, pero sí es el primero documentado científicamente con rigor experimental. En redes sociales circulan vídeos de vacas y toros usando palos o ramas para rascarse, algunos incluso de toros de linajes distintos, domesticados de forma independiente en Asia y Europa hace miles de años. Esta dispersión geográfica y genética sugiere que la capacidad podría estar latente desde los uros, los ancestros salvajes del ganado que aparecen en las pinturas rupestres del Paleolítico.

"No creemos que Veronika sea la Einstein de las vacas", aclara Osuna Mascaró. "Después hemos encontrado otros casos de vacas y toros que utilizan ramas para rascarse". Sin embargo, la ausencia de literatura científica sobre el tema no refleja la incapacidad del ganado, sino nuestro propio sesgo. "Hemos estado estudiando el uso de herramientas en los animales más exóticos y en los lugares más recónditos del planeta. Mientras tanto, ignorábamos a los animales que conviven con nosotros", sentencia el investigador español.

Las circunstancias vitales de Veronika proporcionan pistas sobre por qué este comportamiento permanece oculto en la mayoría del ganado. Criada como mascota por Wiegele, la vaca ha disfrutado de una longevidad excepcional —13 años, cuando la mayoría del ganado es sacrificado mucho antes—, vive en un entorno abierto y complejo, y tiene acceso a diversos objetos manipulables. Además, está sometida a la presión constante de los tábanos durante el verano, insectos que la acosan incesantemente y que ella "odia completamente", según describe Osuna Mascaró. Esta combinación de factores —tiempo, espacio, objetos y motivación— pudo haber sido el catalizador para que Veronika desarrollara y perfeccionara su técnica desde los cuatro años.

"Los hallazgos resaltan cómo las suposiciones sobre la inteligencia del ganado pueden reflejar lagunas en la observación en lugar de límites cognitivos genuinos", afirma Alice Auersperg, directora del laboratorio Goffin que recibe con frecuencia vídeos de personas que creen haber observado uso de herramientas en animales. La mayoría resultan ser falsos, especialmente con la proliferación de contenido generado por inteligencia artificial. Pero el de Veronika era diferente. Ante la posibilidad de estar frente a un caso real, Auersperg y Osuna Mascaró viajaron inmediatamente a la zona rural austriaca para documentarlo.

"El hecho de que todavía nos sorprenda que las vacas, u otras especies de animales de granja, exhiban tales habilidades dice tanto sobre nuestras percepciones de estas especies como sobre el comportamiento de los animales en sí", comenta Nawroth. El experto alemán, que no participó en el estudio, valora que el trabajo no solo se basa en datos observacionales, sino que manipula experimentalmente el entorno de la vaca para evaluar las características específicas del uso de herramientas. "Se está reportando un número creciente de casos de uso de herramientas en el reino animal, y estudios recientes también han demostrado que varias especies de animales de granja poseen un rico repertorio cognitivo", añade.

"Durante décadas hemos proyectado sobre los animales nuestros prejuicios económicos, no la realidad científica", afirma Gascón. "Cuando miramos a una vaca, no vemos un individuo con capacidades por descubrir, vemos un objeto de explotación. Este sesgo cognitivo nos ha impedido observar con la atención suficiente a seres que conviven con nosotros desde hace milenios y cuya sofisticación mental apenas estamos empezando a comprender".

Xavier Manteca, catedrático del Departamento de Ciencia Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), considera que el principal aporte del estudio es cómo Veronika utiliza el objeto "de forma flexible", un rasgo distintivo de cognición compleja. Este experto en etología considera poco probable que Veronika sea una excepción. A su juicio, este tipo de descubrimientos suelen seguir un patrón: una vez que la ciencia dirige su mirada hacia donde antes no observaba, los casos se multiplican.

La tradición ante el espejo de la ciencia

El hallazgo de Veronika irrumpe en el debate taurino español como un elefante en una cacharrería. Si un animal es capaz de usar herramientas de forma flexible, anticipada y adaptativa, ¿puede seguir siendo considerado un mero objeto de entretenimiento en espectáculos donde sufre dolor físico y estrés extremo? "El hallazgo de Veronika nos sitúa ante una realidad incómoda para ciertas tradiciones", asegura Miquel Llorente, especialista en cognición animal de la Universidad de Girona. "Hemos vivido bajo el sesgo de que las vacas o los toros son poco más que autómatas biológicos, simplemente porque no habíamos mirado con la atención suficiente".

La capacidad de Veronika para usar herramientas no es un simple truco o un comportamiento instintivo. Implica planificación, anticipación, resolución de problemas y adaptabilidad cognitiva. Rasgos que, hasta hace poco, se consideraban exclusivos de especies con cerebros significativamente más desarrollados. "El uso flexible de herramientas de este tipo suele asociarse a una cognición compleja", explica Auersperg. "Por lo general requiere bastante control motor y cierto nivel de planificación de la acción. Que una vaca pueda hacer esto desafía nuestras suposiciones, especialmente sobre animales que tendemos a ver desde una perspectiva puramente utilitaria".

"Ya no hablamos solo de evitar el dolor físico, sino de reconocer una sofisticación mental que choca frontalmente con el uso de estos animales en espectáculos de maltrato", subraya Llorente. El especialista catalán considera que el conocimiento científico actual exige una revisión profunda de la normativa y la ética aplicada al ganado. "Si un animal es capaz de manejar herramientas, merece un estatus de protección legal mucho más elevado. El conocimiento científico debería ser el motor que actualice nuestras leyes hacia una regulación de prácticas que hoy, con los datos en la mano, resultan anacrónicas".

La intervención de Josep Call en el Congreso de los Diputados materializó lo que muchos científicos piensan pero pocos se atreven a verbalizar en foros oficiales: si el uso de instrumentos es criterio suficiente para otorgar protección legal a los grandes simios, la lógica científica obliga a extender esa consideración a otras especies que demuestran capacidades similares. Y el toro, macho de la vaca, entra automáticamente en esa categoría. "Imaginemos que pensamos que el uso de instrumentos es un aspecto fundamental para determinar el reconocimiento que [los grandes simios] deben tener", argumentó Call antes de presentar a Veronika. Su conclusión fue directa: si aplicamos el mismo criterio, habría que incluir a las vacas y, por extensión, a los toros.

"Este descubrimiento dinamita los argumentos tradicionales que intentan minimizar la capacidad de sufrimiento y la complejidad mental de los toros", declara Gascón. "No se puede seguir sosteniendo que son seres primitivos cuando la ciencia demuestra lo contrario. Cada nuevo hallazgo científico sobre cognición animal debería traducirse en mayor protección legal, no en justificaciones retóricas para mantener prácticas que pertenecen al pasado".

El dibujante estadounidense Gary Larson publicó en los años ochenta una viñeta de humor gráfico que se convirtió en clásico: Cow Tools. En ella, una vaca aparecía junto a unas herramientas difíciles de identificar pero con apariencia de inútiles. Nadie entendió el chiste, al punto de que Larson tuvo que lanzar un comunicado para explicarse. La broma, dijo, partía de la idea de que si las vacas hicieran herramientas, serían ineficaces y absurdas. Esa imagen era el reflejo de la percepción cultural del ganado durante décadas: animales intelectualmente limitados, torpes, casi cómicos en su simpleza. Veronika acaba de transformar esa caricatura en obsoleta. "Larson cometió tres errores", afirma Osuna Mascaró. "La primera fue pensar que su broma era graciosa. La segunda, que las herramientas de una vaca serían tan simples y tan ridículas para nosotros que ni siquiera las reconoceríamos como herramientas. Y el tercer error fue asumir que sería absurdo que una vaca pudiese usar herramientas".

Replantea tu relación con los animales que comes y explotas

La historia de Veronika trasciende el ámbito académico y plantea preguntas incómodas sobre nuestra relación con los animales que explotamos. "Para la sociedad, una vaca es un objeto a explotar, no un individuo con intereses y habilidades cognitivas complejas", comenta Osuna Mascaró. "Ahora estamos empezando a ser lo suficientemente sensibles como para observar y dar a estos animales, al menos a algunos de ellos, la vida que se merecen: una en la que tengan la oportunidad de jugar, interactuar con objetos y descubrir cómo utilizarlos por sí mismos".

Este cambio de paradigma no puede quedarse en el laboratorio o en las páginas de Current Biology. Debe permear las decisiones políticas, las normativas de bienestar animal y, fundamentalmente, nuestras elecciones individuales. "Lo que esto nos dice es que las vacas tienen el potencial de innovar en el uso de herramientas, y hemos ignorado este hecho durante miles de años", sentencia Osuna Mascaró. El mensaje que Veronika transmite es claro: tenemos un sesgo enorme a la hora de observar, apreciar y valorar las capacidades cognitivas de aquellos animales que explotamos.

"Cada vez que la ciencia levanta una nueva capa de conocimiento sobre la cognición animal, nos encontramos con la misma realidad: hemos subestimado sistemáticamente a especies enteras", reflexiona Gascón. "El caso de Veronika no es una anomalía, es una ventana hacia todo lo que no hemos querido ver. Y esa ceguera tiene consecuencias éticas devastadoras para millones de animales que sufren en ganaderías industriales, plazas de toros y laboratorios".

¿Qué puedes hacer tú?

El descubrimiento de Veronika nos invita a replantearnos profundamente nuestra relación con el ganado y otros animales de granja. La ciencia ha demostrado que estos seres poseen capacidades cognitivas sofisticadas que durante siglos hemos ignorado por conveniencia económica. Ahora que conoces esta realidad, tienes el poder de actuar:

A nivel individual: Cuestiona tu consumo de productos de origen animal. Cada elección alimentaria es un voto por el tipo de mundo que quieres construir. Considera reducir o eliminar el consumo de carne, lácteos y huevos, optando por alternativas vegetales que no impliquen la explotación de seres sintientes con vidas mentales complejas. Infórmate sobre las condiciones reales de las granjas industriales y los mataderos, donde la mayoría del ganado nunca tiene oportunidad de desarrollar comportamientos naturales como los que demuestra Veronika.

A nivel colectivo: Alza tu voz contra la tauromaquia y otros espectáculos que utilizan animales. Firma peticiones, comparte este artículo en redes sociales para difundir el conocimiento científico que desmonta los argumentos tradicionales, escribe a tus representantes políticos exigiendo normativas más estrictas de protección animal. Apoya campañas de AnimaNaturalis y otras organizaciones que trabajan por la abolición de prácticas anacrónicas de maltrato animal. El cambio legislativo es posible, pero requiere presión ciudadana informada y constante.

Como donante y activista: AnimaNaturalis lleva décadas investigando, denunciando y combatiendo la explotación animal en todas sus formas. Tu apoyo económico como socio o donante permite financiar campañas de sensibilización, acciones legales contra el maltrato animal, rescates de animales en situación de vulnerabilidad y trabajo de incidencia política para cambiar las leyes. Cada aportación, por pequeña que sea, multiplica el impacto de esta labor esencial.

"Veronika nos ha regalado una lección de humildad científica y un imperativo ético ineludible", concluye Gascón. "Ya no podemos seguir mirando hacia otro lado. El conocimiento nos obliga, la empatía nos guía y la acción nos define. Es momento de que la sociedad en su conjunto asuma que la explotación sistemática de seres con vidas mentales complejas es insostenible ética, científica y moralmente".

La vaca austriaca que aprendió a usar una escoba no solo ha revolucionado nuestra comprensión de la cognición animal. Nos ha colocado frente a un espejo incómodo donde se refleja nuestra hipocresía histórica. Veronika no pide nada, simplemente existe y se rasca cuando los tábanos la molestan. Pero su existencia documentada exige que respondamos a una pregunta fundamental: ¿qué haremos ahora que sabemos?

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