La respuesta está clara

Desde niño he visto y observado a los animales como seres con emociones y he sentido cierta empatía hacia ellos.

Hilario Béjar FalcónDesde niño he visto y observado a los animales como seres con emociones y he sentido cierta empatía hacia ellos.

He crecido como todos, viendo los mismos dibujos animados, las mismas películas, los mismos anuncions, estudiado en los mismos colegios, inmerso en una cultura que aparentemente respeta a todos los seres vivos.

Varias veces me he preguntado cómo era obtenida esa carne, esa carne de ave, o ese pescado (que en definitiva es carne de pez). Y me daba cuenta que eso eran partes de animales que mataban para comérnoslos.

Eso me apenaba profundamente y como creía que era para nosotros imprescindible para alimentarnos, algo que toda la cultura influenciada por las empresas que matan y usan a los animales se ha encargado de hacernos creer equivocadamente, seguía haciendo.

No era fácil, pues aunque desviaba la atención sobre estos pensamientos cada vez que aparecían, sabía que eso que comía eran individuos que sentían dolor y que querrían seguir con su vida.

Vamos, que la carne no crece en los árboles, y tienen sistema nervioso asociado. Y eso, por supuesto quiere decir algo. Como mínimo, que sienten.

De todos modos, no era demasiado consciente de esto pues me autoengañaba para no sentirme mal por seguir comiendo.

Gradualmente, pasé a comer menos carne porque me costaba saber que esas partes de cerdos, de vacas, de corderos, etc... eran partes de un ser que quería vivir y que había muerto por culpa mía.

Pensé también que comer animales de tamaño grande era mejor pues con la muerte de un animal se alimentaba a más personas, con lo cual eran necesarias menos muertes de inocentes.

Me di cuenta que era difícil para mí imaginar que las vacas (que había conocido durante mi infancia), con lo sociales que son, morían para alimentarme.

Pasé al "pescado" pues pensaba que los peces eran "más tontos" y elegí peces grandes, como los atunes, por el mismo razonamiento que hice con la carne de animales grandes.

Después, leí que el sistema nervioso de los peces era muy avanzado y que sentían dolor.

Imágenes de peces con anzuelos clavados, ahogándose y retorciéndose fuera del agua, reforzadas por mis recuerdos de estar con pescadores en mi niñez, hicieron que también me costara mucho seguir comiéndolos.

Tuve varias intentonas durante los últimos años antes de dejar de comerlos, pero por la presión familiar, presión familiar, presión de pareja, etc... seguí comiéndolos porque además creía erróneamente que los necesitaba para vivir.

Un día, navegando por internet di con imágenes de mataderos, y vi lo que ahí se hacía. La tremenda injusticia que significaba ser asesinados y además lo que de verdad significaba en cuanto a dolor, privación de libertad, y tortura, el matar a un animal.

Además, esas "actividades" eran realizadas siempre en la sombra, ocultándonos la realidad, pues si nos la mostraban, la mayoría de personas se negaría a participar de ese horror.

A la vez, esos días, encontré información sobre la alimentación libre de productos animales y que, lejos de presentar carencias, incluso podía llegar a presentar beneficios para la salud.

Esto me costó mucho de creer porque toda mi vida, vinculada al deporte, había girado entorno a las proteínas, y otros nutrientes que consideraba deficitarios en la alimentación vegetariana. Más tarde me di cuenta del error cuando me documenté más.

Cuando di con la información que relacionaba la leche, los huevos, la ropa elaborada con la piel, pelo u otros productos animales, llegué a la conclusión de que muchos de los productos que utilizamos normalmente estaban basados en una fuerte explotación, tortura y muerte de animales que tienen todo el derecho de existir por ellos mismos y para ellos mismos. Que no tenemos derecho a utilizarlos de ninguna manera. Y que no debemos hacerlo. Ni en alimentación, ni en ropa, ni en experimentación animal, ni como entretenimiento ni para cualquier otra cosa. Igual que no querríamos que hicieran con nosotros.

Máxime cuando es totalmente posible no utilizarlos y seguir con la vida igual que hasta ahora.

Me di cuenta de:

- Que no es cierto que sea perjudicial para la salud dejar los productos animales, sino más bien al contrario.
- Que no es cierto que los animales no sufren, pues sufren, y mucho. Mucho más de lo que nos imaginamos. Libros de etólogos y veterinarios importantes así lo atestiguan.
- Que no es cierto que utilizar productos hechos con animales no afecten al medioambiente. Contaminan mucho, y de hecho es de las actividades más contaminantes que existen.
- Que existe una relación importante entre el hambre en otras partes del mundo y nuestro consumo de productos animales.
- Que existen otros muchos productos y formas de vivir que son perfectamente compatibles con la ética, con la responsabilidad, y que no afectan a los animales. Que es sólo cuestión de cambiar de hábitos, y ya está. Que es mucho más fácil de lo que parece.

Entonces, por qué no hacerlo? Qué es lo que "no me dejaba" dar el paso?

La respuesta está clara: yo mismo.

Cuando fui consciente, unos días después de ver este tipo de información, que era yo el que no me lo permitía, y que en consecuencia muchos animales iban a ser literalmente destrozados por mi culpa, di el paso.

Me dije a mí mismo: "Se acabó, nunca más voy a pagar y contribuir con mi dinero a que todo esto continúe pasando. Puede que continúe pasando, pero no por mi causa, no por mi culpa. Y muchos animales durante mi vida no serán torturados y asesinados gracias a que no voy a comerlos".

 

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